Jueves y Viernes Santo y representación del Templo San Marcelino Champagnat. Abril 18 y 19 de 2019. Eduardo Garibay Mares

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Jueves y Viernes Santo y representación del Templo San Marcelino Champagnat. Abril 18 y 19 de 2019

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Eduardo Garibay Mares

Foto-Reportaje

Morelia, Michoacán. Abril 19 de 2019

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Eduardo Garibay Mares. Universitario Ejemplo de Actuales y Futuras Generaciones, en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, UMSNH

Universitario Ejemplo de Actuales y Futuras Generaciones, en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Por designación de la UMSNH

Con la participación de feligreses de la Parroquia de San Marcelino Champagnat, vecinos de la Colonia Félix Ireta, de Morelia, ciudad capital de Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo, el dilecto párroco padre Manuel Villicaña Rivera promueve la devota participación de su feligresía, en la representación de los bíblicos e históricos Jueves Santo y Viernes Santo en el templo y áreas circunvecinas, populares y fervorosas representaciones escénicas del Triduo Pascual, que en el mundo litúrgicamente conmemora la Santa Iglesia Católica y Romana, como conclusión de la Cuaresma, y que a la vez preludia el culminante Domingo de Resurrección y de Pascua divina.

Representación del Jueves y Viernes Santo en el Templo San Marcelino Champagnat

Introducción: Jesús en Betania

Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se le acercó una mujer con una cajita de alabastro llena de costoso aceite perfumado, y se puso a derramarlo sobre la cabeza de él, estando él reclinado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se indignaron y dijeron: “¿Para qué este desperdicio? Porque esto pudiera haberse vendido por una gran cantidad y haberse dado a los pobres”. Dándose cuenta de esto, Jesús les dijo: “¿Por qué tratan de causarle molestia a la mujer? Pues ha hecho una obra excelente para conmigo. Porque siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Porque esta mujer, al ponerme este aceite perfumado sobre el cuerpo, lo hizo en preparación de mí para ser enterrado. En verdad les digo: Dondequiera que se prediquen estas buenas nuevas en todo el mundo, lo que esta mujer ha hecho también se contará para recuerdo de ella”.

Jueves Santo, Institución de la Eucaristía. FOTOEduardo Garibay Mares

Jueves Santo, Institución de la Eucaristía. FOTO/Eduardo Garibay Mares

Preparación de la cena pascual en Jerusalén

Antes de la fiesta de la pascua Jesús sabía que había llegado su hora para irse de este mundo al Padre, y por eso les dijo a sus discípulos: “Saben que de aquí a dos días ocurre la pascua, y el Hijo del hombre ha de ser entregado para ser fijado en un madero”.

Jueves Santo

Traición de Judas Iscariote

Hacía tiempo que los sacerdotes principales y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás, y entraron en consejo para prender a Jesús mediante un ardid astuto, y matarlo. Sin embargo, decían: “No en la fiesta, para que no se levante un alboroto entre el pueblo”. Entonces los sacerdotes principales y los escribas decidieron ver de qué manera les sería eficaz deshacerse de Jesús, porque temían al pueblo.

Para entonces Satanás ya había metido en el corazón de Judas Iscariote la idea de traicionar a Jesús, y él se fue y habló con los sacerdotes principales y los capitanes del templo acerca de la manera eficaz de traicionar a Jesús. Pues bien, estos se regocijaron y acordaron en darle dinero en plata. De modo que él consintió, y se puso a buscar una buena oportunidad para la apresar a Jesús convenientemente, sin que estuviera presente una muchedumbre.

Entonces llegó el día del pan no fermentado, en que hay que sacrificar la víctima de la pascua; y él despachó a Pedro y a Juan, y dijo: “Vayan y preparen la pascua para que la comamos”. Ellos le dijeron: “¿Dónde quieres que la preparemos?”. Él les dijo: “¡Miren! Al entrar en la ciudad los encontrará un hombre que lleva una vasija de barro con agua. Síganlo hasta dentro de la casa en que entre. Y tienen que decir al dueño de la casa: El Maestro te dice: “¿Dónde está el cuarto para convidados en que pueda comer la pascua con mis discípulos?”. Y ese les mostrará un cuarto grande, arriba, amueblado. Prepárenla allí”. De modo que ellos partieron y lo hallaron así como él les había dicho, y prepararon la pascua.

La Última Cena

Institución de la Eucaristía. Nuevo mandamiento, de amor. Sacerdocio ministerial

Ya en la cena, Jesús se levantó y tomando una toalla, se la ciñó en la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla. Y cuando llegó a Pedro él le dijo: “Señor, ¿tú me lavas los pies? Y Jesús le dijo: “A menos que te lave, no tienes parte conmigo”. Ustedes están limpios, pero no todos”. Jesús conocía, en efecto, al hombre que lo traicionaba. Por esto dijo: “No todos ustedes están limpios”.

En aquél anochecer Jesús se hallaba reclinado a la mesa con los doce discípulos, y mientras comían, él dijo: “En verdad les digo: Uno de ustedes me traicionará”. Contristados en gran manera por esto, comenzaron a decirle, cada uno sin excepción: “Señor, no soy yo, ¿verdad?”. En respuesta, él dijo: “El que mete la mano conmigo en la fuente es el que me traicionará Y así que, habiendo mojado el bocado, lo tomó y se lo dio a Judas Iscariote y le dijo: “Lo que has de hacer hazlo  pronto”. De manera que, después de recibir el bocado, el Iscariote salió inmediatamente. Y ya era de noche.

La Eucaristía

Cuando Judas Iscariote hubo salido, Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado respecto a él.

Mientras continuaron comiendo, Jesús tomó un pan y, después de decir una bendición, lo partió y, dándolo a los discípulos, dijo: “Tomen, coman todos de él, porque este es mi cuerpo”. Luego tomó una copa con vino y, habiendo dado gracias, la dio a ellos diciendo: Beban de ella, todos ustedes; porque esto es mi sangre, sangre del pacto, que ha de ser derramada a favor de muchos para el perdón de pecados, Hagan esto en conmemoración mía. Yo: de aquí en adelante, de ningún modo beberé de este producto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre.

Porque el Hijo del hombre se va conforme a lo que está designado; no obstante, ¡ay de aquel por medio de quien el Hijo del hombre es traicionado y entregado a la muerte! Le hubiera sido mejor no haber nacido”. Ahora estaré con ustedes por poco  tiempo. A donde yo voy ustedes no pueden venir ahora.

Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado.

Pedro le dijo: “Señor, ¿adónde vas?”. Jesús contestó: “A donde yo voy no puedes seguirme ahora, pero seguirás después”. Pedro le dijo: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Entregaré mi alma a favor de ti”. Jesús le contestó: Muy verdaderamente te digo Pedro que no cantará el gallo antes de que tú me hayas negado tres veces”. Pedro le dijo: “Aun cuando tenga que morir contigo, de ningún modo te repudiaré”. Todos los demás discípulos también dijeron lo mismo. Habiendo dicho estas cosas, por último, después de cantar alabanzas, Jesús salió con sus discípulos al lugar llamado Getsemaní donde él y sus discípulos entraron al Monte de los Olivos.

En el Monte de los Olivos

Prisión de Jesús. Huyen los Apóstoles

Una vez que llegaron al lugar, les dijo: “Ocúpense en orar, para que no entren en tentación”. Y él mismo se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y dobló las rodillas y se puso a orar, diciendo: “Padre, si lo deseas, aparta de mi este cáliz. Sin embargo, que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Entonces se le apareció un ángel del cielo y lo fortaleció. Más él, entrando en agonía, continuó orando más encarecidamente; y su sudor se hizo como gotas de sangre que caían al suelo. Y levantándose de orar, fue a los discípulos y los halló adormilados; y les dijo: “¿Por qué duermen? Levántense y ocúpense en orar, para que no entren en tentación”. El espíritu, por supuesto, está pronto, pero la carne es débil”. Y de nuevo se fue y oró, diciendo la misma palabra. Y vino otra vez y los halló durmiendo, pues tenían los ojos cargados, de modo que no sabían qué contestarle. Y vino la tercera vez y les dijo: “¡En una ocasión como ésta ustedes duermen y descansan! ¡Basta! ¡Ha llegado la hora! ¡Miren! El Hijo del hombre es traicionado en manos de pecadores. Levántense, ¡Miren! El que me traiciona se ha acercado”.

Jesús es señalado por Judas

Antes de esto, el que lo traicionaba les había dado una señal, diciendo: “Al que bese, ese es Jesús; deténganlo”, y así llegaba Judas Iscariote a consumar su traición acompañado de una banda de soldados y oficiales de los sacerdotes principales, de los fariseos y de los ancianos del pueblo, que llegaron allí con antorchas, lámparas, armas y garrotes.

Sabiendo Jesús todas las cosas que iban a sobrevenirle, salió y les dijo: “¿A quién buscan?”. Le contestaron: “A Jesús el Nazareno”. Les dijo: “Soy yo”.

Sin embargo, cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, retrocedieron y cayeron en tierra. Por eso les preguntó otra vez: “¿A quién buscan?”. Dijeron: “A Jesús el Nazareno”. Jesús contestó: “Les dije que soy yo. Por lo tanto, si es a mí a quien buscan, dejen ir a estos”; para que se cumpliera la palabra que él dijo: “De los que me has dado no he perdido ni uno solo”.

Judas Iscariote, uno de los doce, el que lo traicionaba, conocía bien el lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. El Iscariote iba delante y se acercó a Jesús y le dijo: “¡Maestro!”, y lo besó tiernamente en la mejilla. Y Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre?”. De modo que ellos le echaron mano y lo detuvieron.

Sin embargo, Simón Pedro, dado que tenía una espada, la desenvainó e hirió al esclavo del sumo sacerdote y le quitó la oreja. Entonces Jesús tocó la oreja y lo sanó, y luego dijo: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada perecerán por la espada. ¿O crees que no puedo apelar a mi Padre para que me suministre en este momento más de doce legiones de ángeles?

Enseguida Jesús les dijo a los sacerdotes principales y a los capitanes del templo y a los ancianos que habían venido allí por él: “¿Salieron con espadas y garrotes como contra un salteador? Mientras estaba con ustedes día tras día en el templo no extendieron las manos contra mí. No obstante, es con el fin de que se cumplan las Escrituras”. Entonces lo arrestaron y se lo llevaron. Mientras tanto, todos los discípulos huyeron y lo abandonaron.

Jesús es entregado al sumo sacerdote

Los que detuvieron a Jesús se lo llevaron primero a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año.

Pedro fue siguiendo a Jesús de lejos, hasta el patio del sumo sacerdote, y después se quedó sentado con los servidores de la casa para ver el resultado.

Mientras, los sacerdotes principales y todo el Sanedrín, que era el Consejo supremo de los judíos con potestad sobre los asuntos de Estado y de religión, buscaban testimonio falso contra Jesús a fin de darle muerte, pero no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaron. Más tarde se presentaron dos y dijeron: Este hombre dijo “puedo derribar el templo de Dios y edificarlo en tres días”. Ante aquello, el sumo sacerdote se puso de pie y le dijo: “¿Nada respondes? ¿Qué es lo que testifican estos contra ti?”. Pero Jesús se quedó callado. Por eso el sumo sacerdote le dijo: “¡Por el Dios vivo te pongo bajo juramento de que nos digas si tú eres el Cristo el Hijo de Dios!”. Jesús le dijo: “Tú mismo lo dijiste. Sin embargo, digo a ustedes: De aquí en adelante verán al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder y viniendo sobre las nubes del cielo”. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus prendas de vestir exteriores, y dijo: “¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? ¡Miren! Ahora han oído la blasfemia. ¿Qué opinan?”. Dijeron en respuesta: “Expuesto está a muerte”. Entonces le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos. Otros le dieron de bofetadas.

Adentro el sacerdote principal interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y acerca de su enseñanza. Jesús le contestó: “Yo he hablado públicamente al mundo. Siempre enseñé en una sinagoga y en el templo, donde concurren todos los judíos; y no hablé nada en secreto. ¿Por qué me interrogas? Interroga a los que han oído lo que les hablé. ¡Mira! Estos saben lo que dije”. Después que hubo dicho estas cosas, uno de los oficiales que estaba de pie allí cerca le dio a Jesús una bofetada y dijo: “¿Así contestas al sacerdote principal?”. Jesús le contestó: “Si hablé mal, da testimonio respecto al mal; pero si bien, ¿por qué me pegas?”.

Entonces Anás lo envió atado a Caifás el sumo sacerdote. Con Caifás estaban reunidos los escribas y los ancianos. Caifás, de hecho, era quien había aconsejado a los judíos que era en provecho de ellos el que un hombre muriera en el interés del pueblo.

Pedro niega a Jesús 3 veces

Entretanto, a Simón Pedro, quien estaba afuera, le dijo la sirvienta: “Tú eres también uno de los discípulos de este hombre, ¿verdad?”. Él dijo: “No lo soy”. Y cuando los esclavos y los oficiales que estaban allí encendieron fuego en medio del patio, porque hacía frío, y se sentaron juntos, Pedro estaba sentado entre ellos, y otra persona, al verlo, dijo: “Tú también eres uno de ellos”. Pero Pedro dijo: “No lo soy”. Y después que pasó como una hora, otro se puso a insistir enérgicamente: “¡Por cierto este también estaba con él; porque, de hecho, es galileo!”. Pero Pedro dijo: “Hombre, no sé lo que dices”. Y al instante, mientras él todavía estaba hablando, cantó un gallo. Y entonces Pedro recordó que Jesús le había dicho: “Antes que el gallo cante hoy, me habrás negado tres veces”. Y salió del lugar y lloró amargamente.

Viernes Santo

Jesús presentado a Pilato. Azotado, coronado de espinas y crucificado

Jueves y Viernes Santo, Pasión y Muerte de Jesús. FOTOEduardo Garibay Mares

Jueves y Viernes Santo, Pasión y Muerte de Jesús. FOTO/Eduardo Garibay Mares

Fue así que la multitud de ellos se levantó, toda, y condujeron a Jesús desde Caifás al palacio del gobernador Pilato. Era temprano en el día ahora. Pero ellos mismos no entraron en el palacio del gobernador, para no contaminarse, sino poder comer la pascua. Por lo tanto, Pilato salió fuera a ellos y dijo: “¿Qué acusación traen contra este hombre?”. En respuesta, le dijeron: “Si este hombre no fuera delincuente, no te lo habríamos entregado”. Así que Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes mismos y júzguenlo según su ley”. Los judíos le dijeron: “A nosotros no nos es lícito matar a nadie”. Esto, para que se cumpliera la palabra de Jesús que él había dicho para significar qué clase de muerte estaba destinado a morir.

A este hombre lo hallamos subvirtiendo a nuestra nación, y prohibiendo pagar impuestos a César, y diciendo que él mismo es Cristo, un rey”. Entonces Pilato le hizo la pregunta: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. En respuesta a él, dijo: “Tú mismo lo dices”. Tu propia nación y los sacerdotes principales te entregaron a mí. ¿Qué hiciste?”. Jesús contestó: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Entonces Pilato dijo a los principales sacerdotes y a las muchedumbres: “No hallo ningún delito en este hombre”. Pero ellos empezaron a insistir, diciendo: “Alborota al pueblo enseñando por toda Judea, sí, comenzando desde Galilea hasta aquí”. Al oír aquello, Pilato preguntó si el hombre era galileo, y, después de averiguar que era de la jurisdicción de Herodes, lo envió a Herodes, quien también estaba en Jerusalén en aquellos días.

Jesús enviado a Herodes

Cuando Herodes vio a Jesús se regocijó mucho, pues hacía bastante tiempo que quería verlo, por haber oído acerca de él, y esperaba ver alguna señal ejecutada por él. Entonces empezó a interrogarlo con muchas palabras; pero él no le contestó nada. Sin embargo, los sacerdotes principales y los escribas siguieron poniéndose de pie y acusándolo con vehemencia. Entonces Herodes, junto con los soldados de su guardia, lo desacreditó, y, burlándose de él, lo vistió con una prenda de vestir vistosa, y lo devolvió a Pilato.

Luego Pilato convocó a los sacerdotes principales y a los gobernantes y al pueblo, y les dijo: “Ustedes me trajeron a este hombre como amotinador del pueblo, y, ¡miren!, lo examiné delante de ustedes, pero no hallé en este hombre base alguna para las acusaciones que hacen contra él. De hecho, ni Herodes tampoco, porque nos lo devolvió; y, ¡miren!, nada que merezca la muerte ha sido cometido por él. Por tanto, lo castigaré y lo pondré en libertad”.

Barrabás es liberado y Jesús sentenciado a muerte

En aquel entonces tenían un preso famoso llamado Barrabás. Así que, estando ellos reunidos, les dijo Pilato: “¿A cuál quieren que les ponga en libertad?: ¿a Barrabás, o a Jesús, el llamado Cristo?”. Porque se daba cuenta de que por envidia lo habían entregado. Además, mientras él estaba sentado en el tribunal, su esposa le envió a decir: “No tengas nada que ver con ese hombre justo, porque sufrí mucho hoy en un sueño a causa de él”. Pero los sacerdotes principales y los ancianos persuadieron a las muchedumbres a que pidieran a Barrabás, pero hicieran destruir a Jesús. Entonces, tomando la palabra, el gobernador les dijo: “¿A cuál de los dos quieren que les ponga en libertad?”. Ellos dijeron: “A Barrabás”. Pilato les dijo: “Entonces, ¿qué haré con Jesús, el llamado Cristo?”. Todos dijeron: “¡Crucifícalo!”. Él dijo: “Pues, ¿qué mal ha hecho?”. Pero ellos siguieron clamando más y más: “¡Crucifícalo!”.

Viendo que no lograba nada, sino, más bien, que se levantaba un alboroto, Pilato cogió agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, y dijo: “Soy inocente de la sangre de este hombre. Ustedes mismos tienen que atender a ello”. Ante eso, todo el pueblo dijo en respuesta: “Venga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Entonces él puso en libertad a Barrabás, pero hizo dar latigazos a Jesús y los soldados lo llevaron al patio del palacio del gobernador; y convocaron a todo al cuerpo de soldados.

Jesús coronado de espinas, azotado, insultado

Fue entonces que los hombres que lo custodiaban se pusieron a burlarse de él, y le pegaban; y después de cubrirlo, preguntaban y decían: “Profetiza. ¿Quién es el que te hirió?”. Y seguían diciendo otras muchas cosas en blasfemia contra él, y lo ataviaron con una prenda de vestir exterior de color púrpura, y entretejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Y comenzaron a saludarlo: “¡Buenos días, rey de los judíos!”. También, le daban en la cabeza con una caña y le escupían y, doblando las rodillas, le rendían homenaje. Por fin, cuando se hubieron burlado de él, lo despojaron de la púrpura y le pusieron sus prendas de vestir exteriores.

Y Pilato salió otra vez y les dijo: “¡Vean! Se lo traigo fuera para que sepan que no hallo en él ninguna falta”. Por consiguiente, Jesús salió llevando la corona de espinas y la prenda de vestir exterior de púrpura. Y Pilato les dijo: “¡Miren! ¡El hombre!”. Sin embargo, cuando los sacerdotes principales y los oficiales lo vieron, gritaron, y dijeron: “¡Al madero con él! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes mismos y fíjenlo en el madero, porque yo no hallo en él falta alguna”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley, y según la ley debe morir, porque se hizo hijo de Dios”.

Por eso, cuando Pilato oyó este dicho, tuvo mayor temor; y entró otra vez en el palacio del gobernador y dijo a Jesús: “¿De dónde eres tú?”. Pero Jesús no le dio respuesta. Así que Pilato le dijo: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para ponerte en libertad y tengo autoridad para fijarte en un madero?”. Jesús le contestó: “No tendrías autoridad alguna contra mí a menos que te hubiera sido concedida de arriba. Por eso, el hombre que me entregó a ti tiene mayor pecado”.

Por esta razón Pilato siguió buscando cómo ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaron, diciendo: “Si pones en libertad a este, no eres amigo de César. Todo el que se hace rey habla contra César”. Por eso Pilato, después de oír estas palabras, sacó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en un lugar llamado El Empedrado, pero, en hebreo, Gáb·ba·tha. Era, pues, la preparación de la pascua; era como la hora sexta. Y dijo a los judíos: “¡Miren! ¡Su rey!”. Sin embargo, ellos gritaron: “¡Quítalo! ¡Quítalo! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “¿A su rey fijo en un madero?”. Los sacerdotes principales contestaron: “No tenemos más rey que César”. Por lo tanto, en aquel momento él se lo entregó a ellos para que fuera crucificado.

Crucifixión de Jesús en el Monte Calvario

Entonces se encargaron de Jesús. Y, cargando el madero de tormento para sí mismo, él salió al llamado Lugar del Cráneo, que en hebreo se llama Gólgota. También, obligaron a rendir servicio a uno que iba pasando, a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, para que levantara su madero de tormento. De modo que lo llevaron al lugar de Gólgota, al Monte Calvario.

Y lo fijaron en la cruz de tormento. Por encima de la cabeza de Jesús se colocó el cargo que Pilato escribió: “Jesús Nazareno el Rey de los Judíos”, INRI, pues aunque los sacerdotes principales de los judíos le dijeron a Pilato: No escribas: “El Rey de los Judíos”, él les contestó: “Lo que he escrito, he escrito”.

Con Jesús crucificado los soldados romanos se repartieron sus prendas de vestir exteriores, echando suertes sobre ellas, para decidir quién se llevaba qué. Era ya la hora tercera. Ahí trataron de darle a beber vino mezclado con mirra y hiel; pero él rehusó tomarlo.

Jesús Nazareno el Rey de los Judíos, crucificado entre Dimas y Gestas

Con Jesús en medio, también fueron fijados en maderos dos salteadores, uno a su derecha y uno a su izquierda. De modo que los que pasaban hablaban injuriosamente de él, meneando la cabeza y diciendo: “¡Oh tú, supuesto derribador del templo y edificador de él en tres días, sálvate! Si eres hijo de Dios, ¡baja del madero de tormento!”. Del mismo modo, también, los sacerdotes principales junto con los escribas y ancianos empezaron a burlarse de él y a decir: “¡A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar! Él es rey de Israel; baje ahora del madero de tormento y creeremos en él. Ha puesto en Dios su confianza; líbrelo Él ahora si le quiere, puesto que dijo: Soy Hijo de Dios”.

Ante todo eso Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Asimismo, hasta el malhechor Gestas, que estaba fijado en una cruz junto con él, se puso a vituperarlo y le decía afrentosamente: “Tú eres el Cristo, ¿no es verdad? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. En respuesta, Dimas, el otro salteador lo reprendió, y le dijo: “¿No temes tú a Dios de ninguna manera, ahora que estás en el mismo trancen de muerte? Y nosotros en verdad justamente, porque estamos recibiendo de lleno lo que merecemos por las malas cosas que hicimos; pero este no ha hecho nada indebido”. Y pasó a decir: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. Y él le dijo: “Verdaderamente te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Muerte de Jesucristo en el Monte Calvario y sepultura

Junto al madero de tormento de Jesús estaban de pie María su madre y María la esposa de Clopas, y María Magdalena. Entonces Jesús, al ver a su madre y al discípulo a quien él amaba, de pie allí cerca, le dijo a su madre: “Mujer, ¡ahí está tu hijo!”, y enseguida le dijo al discípulo: “Hombre, ¡ahí está tu madre!”. Y desde aquella hora el discípulo la llevó consigo a su propio hogar.

Después de esto, cuando Jesús supo que ya todas las cosas se habían realizado, para que se cumpliera la escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un vaso lleno de vino agrio, y un soldado puso una esponja llena de vino agrio sobre una caña de hisopo y se la acercó a la boca.

Desde la hora sexta en adelante, cayó sobre toda la tierra una oscuridad. .. Cerca de la hora nona Jesús clamó con voz fuerte, y dijo: “É·li, É·li, ¿lá·ma sa·baj·thá·ni?”, esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Al oír esto, algunos de los que estaban parados allí empezaron a decir: “A Elías llama este”. Y entonces Jesús clamó con voz fuerte: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, e inclinando la cabeza expiró. Debido a que vio lo que sucedió, el oficial del ejército se puso a glorificar a Dios, y dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. E inmediatamente uno de ellos corrió y, tomando una esponja, la empapó en vino agrio y, poniéndola en una caña, se puso a darle de beber. Pero los demás dijeron: “¡Déjalo! Veamos si Elías viene a salvarlo”. Otro hombre tomó una lanza y le traspasó el costado derecho, y salió sangre y agua.

Jesucristo bajado de la cruz y sepultado

Entonces, después de estas cosas, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secreto por su temor a los judíos, solicitó de Pilato que le permitiera llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato le dio permiso. Por lo tanto vino y habiéndolo bajado de la cruz lo envolvió en una sábana, y se llevó el cuerpo para colocarlo en una tumba nueva, cortada en la roca, en la cual nadie todavía había sido sepultado. También Nicodemo lo acompaño trayendo un rollo de mirra y áloes, para envolver el cuerpo de Jesús con vendas y con especias, como es costumbre judía de preparar para el entierro. Era el día de la Preparación conmemorativa, y la luz vespertina del sábado se aproximaba. Y se hizo rodar una piedra hasta para sellar la entrada de la tumba. Las mujeres, que habían venido con Jesús desde Galilea, fueron siguiendo de cerca y miraron la tumba y cómo fue puesto su cuerpo; y se volvieron para preparar especias y aceites perfumados.

Sábado Santo

Al día siguiente, que fue después de la Preparación, los sacerdotes principales y los fariseos se reunieron ante Pilato, y dijeron: “Señor, hemos recordado que ese impostor dijo mientras todavía estaba vivo: “Después de tres días he de resucitar”. Por lo tanto, manda que se asegure el sepulcro hasta el día tercero, para que nunca vengan sus discípulos, y lo hurten, y digan al pueblo: ¡Fue levantado de entre los muertos!’, y esta última impostura será peor que la primera”. Pilato les dijo: “Tienen guardia. Vayan y asegúrenlo lo mejor que sepan”. De modo que ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y teniendo la guardia.

Domingo de Resurrección de Jesús

¡Jesús Resucitó!

Alabado sea Dios

El Triduo Pascual, comprende:

- Primero, el Viernes Santo, con su Viacrucis de flagelación, juicio, caminata al calvario y crucifixión, donde la muerte de Jesucristo cubrió al mundo de tinieblas, y cuando luego de que la Virgen María, su madre dolorosa, recibió su cuerpo, fue sepultado por José de Arimatea;

- Segundo, el Sábado Santo, de la estancia de Jesús entre los muertos; y

- Tercero, el Domingo de Pascua, de su Resurrección

 

 

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