Mientras hay vida hay esperanza, pero no para el viejo o anciano si se agrava con Covid-19. Eduardo Garibay Mares

Mientras hay vida hay esperanza, pero no para el viejo o anciano si se agrava con Covid-19

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Mientras hay vida hay esperanza pero no para el viejo o anciano si se agrava con Covid-19 Eduardo Garibay Mares. PrensaLibre PAG 3 : ENLACE PDF

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Eduardo Garibay Mares

Morelia, Michoacám, México. Abril 17 de 2020

 

Ante la pandemia de contagio de Coronavirus causante de la enfermedad Covid-19 notificada en Wuhan, China, el 31 de diciembre de 2019, malestar contagioso que en algunas personas puede ser: asintomático; con malestares semejantes a la gripa común; o desarrollarse como letal enfermedad Covid-19, contagio viral y enfermedad que se extendió en México en este 2020, y cuyas complicaciones de vías respiratorias pueden llevar a neumonía y de ahí a la muerte, pandemia ante la cual es ominoso considerar, como dilema ético, que alguien pueda tener el poder de decidir a quién salvar y a quién no, e incluso llegar al colmo de que se decida con el clásico volado de lanzar al aire de una moneda que, al caer a tierra con cara o cruz a la vista, al azar dictaminará inapelablemente entre la vida o la muerte de una persona.

Vejez y ancianidad

Viajera en el camino que en la vida lleva del valle a la cumbre delexistir humano, la persona vieja transita el último tramo de su ciclo vital, en tanto mira la luminosidad del ocaso, presagio de la penumbra del sendero a recorrer cuesta abajo, tras alcanzar la cima, cuando las sombras se desvanecen a la luz de los recuerdos, cuando la gente anciana con sus recuerdos vive.

Tiempo en que tras beber de la fuente del conocimiento generacional: en la infancia, hasta los doce años; en la pubertad, hasta los diecisiete; en la adolescencia, hasta los veintidós; en la juventud, hasta los treinta; y en la madurez, hasta los cincuenta y nueve; la persona vieja, anciana, es manantial de conocimientos y experiencias.

Sin embargo, estos sublimes conceptos en torno a la vejez, que inicia a los sesenta años, y la ancianidad, a partir de los setenta, quedan cada vez más en desuso ante una realidad intolerante que tiende a aniquilar el idilio generacional, al propiciar una deplorable falta de consideración con la gente vieja, anciana, incluida en algunos casos la desatención y despego de su familia.

Coronavirus-Tierra. Mych. Marzo de 2020

Coronavirus-Tierra. Mych. Marzo de 2020

Fecha de caducidad

Abusivamente, igual que a cualquier producto comercial, a la gente se le ha puesto como utilitarista fecha de caducidad el día en que cumple sesenta años, una edad cronológica en la que ciertamente inicia la vejez, seguida de la ancianidad, etapas dignas y plenas de aporte a la colectividad, gente que por su valía personal, lo esencial de su ser, desde tiempos inmemoriales ha sido sustento de la sociedad, y a la que en equidad e igualitariamente deben respetársele sus derechos, aun en los casos en que hayan perdido gran parte de lo poseído o que no hayan acumulado bienes materiales.

La vejez representa un grupo social de poderosa influencia electoral

Lo paradójico es que aunque se pretende hacer ver a la vejez como una edad sin función alguna, en la que sólo queda esperar la muerte, también se le usa como una mercancía política y económicamente rentable, ya que las personas viejas son muchas, consumen productos, utilizan servicios y, sobre todo, votan en los comicios, por lo que en un mundo que igual envejece, para intereses políticos la vejez representa un grupo social de poderosa influencia   electoral, cuestión por la que las estructuras jurídico-políticas, acomodadas a la nueva realidad, implementan programas de apoyo para gente a la que se denomina como de la tercera edad, adulto mayor, adulto en plenitud, persona de edad: la población vieja, anciana, que en su condición vital y por su aporte social tiene derecho a ser tomada en cuenta, escuchada, y reconocida.

Vejez con independencia, autosuficiencia económica y bienestar, con la protección de la familia y la comunidad

Proclamado el 1 de octubre Día internacional de las personas de edad avanzada, el 14 de diciembre de 1990, y reconocidas las aportaciones que en la vejez hace la gente en bien de sus respectivas sociedades, la Asamblea General de Naciones Unidas asimismo acordó los Principios a favor de las personas de edad avanzada, el 16 de diciembre de1991, a fin de que gubernativamente se incorporen en respectivos programas nacionales, paraque a partir de los sesenta años la gente tenga y ejerza derechos como son, entre otros, los que tienen que ver: con independencia y autosuficiencia económica, bienestar, y oportunidad de decidir cuándo y en qué medida dejar de desempeñar actividades laborales. Con participación, integrada a la sociedad. Con cuidados, al tener la protección de la familia y la comunidad. Con autorrealización, por oportunidades para desarrollo pleno de su potencial, y acceso a recursos educativos, culturales, espirituales y recreativos. Y con dignidad y seguridad, para no ser explotada ni maltratada, física o mentalmente.

En el viejo esta tu espejo, como lo ves te verás

Valoradas todas las etapas de la vida de la gente, que por ser transitorias y sucesivas desaparecen al paso del tiempo, si es que no son finiquitadas por la muerte, lo cierto es que el envejecimiento es permanente, hasta el último aliento de vida, y sólo termina al morir la persona, de ahí el miedo de las sociedades contemporáneas a la enfermedad, a la muerte, y a la vejez: el espejo en el que nadie se quiere ver, puesto que nadie quiere ser viejo, aunque toda la gente desea tener una larga vida.

Miedos y actitudes equívocas contra la vejez, por los que se ha pretendido que la gente vieja deje de ser la persona más preciada y respetada de la familia y la comunidad, a través del posmoderno proceso de desintegración de normas sociales, sustentadoras de relaciones entre las generaciones, del que incuestionablemente debe ser rescatada la gente vieja, anciana, puesto que ésta constituye un grupo poblacional insustituible como sólido aliado en la difícil tarea de reconstituir el tejido social, de reunificar la familia, y de volver a hacer del hogar la trinchera de lucha contra la descomposición político-social, que desde los albores del siglo XXI predomina creciente en ámbito internacional.

Mientras hay vida hay esperanza

Sí, mientras hay vida hay esperanza igual para todos, por eso es abominable dar poder de decidir el dejar morir a viejos y ancianos sin atención médica, y preferir atender a jóvenes que puedan salvar su vida, porque la gente joven, vieja, y anciana, tiene idéntico derecho de recibir la misma atención médica, hasta el último aliento de su vida. Ni más ni menos.

 

 

 

 

 

 

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