Juan Arnulfo Tello, cantante de ópera y pedagogo o la lucha por reivindicar el arte

Juan Arnulfo Tello, cantante de ópera y pedagogo o la lucha por reivindicar el arte

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Juan Arnulfo Tello, cantante de ópera y pedagogo o la lucha por reivindicar el arte : ENLACE PDF

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Redacción PLM

www.prensalibremexicama.com

Morelia, Michoacán. Julio 20 de 2019

 

Juan Arnulfo Tello Sosa

Juan Arnulfo Tello Sosa

Cambiar al hombre cambiando el arte, señala el cantante como si sus palabras fueran de un viejo filósofo griego.

Reflexiona que el arte es fundamental para  que la sociedad comprenda su realidad y se forme integralmente, por eso remarca que los músicos tienen la obligación de educar al público. Observa cómo ahora la música y el músico se han vuelto decoraciones, por lo que asevera que es necesario que se inyecte nuevamente la vida y el espíritu a la música, que la estética se vuelva fundamental para la sociedad, que se reconozca la fuerza y el tiempo que el músico le ha impregnado a su creación.

Argumenta que las pasiones, los vicios sociales, las virtudes, anhelos humanos y la vida misma, se retratan de forma desgarradora, sería y cómica, en la ópera y en la música vocal. Y así, remata que el hombre es curioso por naturaleza y, por ende, también busca ser culto, por lo quereitera que se deben enseñar al público las historias alrededor de la música clásica, para que no se equivoque al pensar que sólo es música de élites, pues recuerda que este tipo de melodías muchas veces fueron inspiradas en la música popular.

“Argumentos operísticos han sido catalizadores de revoluciones o cambio social, emblemas nacionales, o denuncia de injusticia, andando entre censuras y gran popularidad.   Por ejemplo: Las bodas de Fígaro, de Mozart, crítica al derecho de pernada; o el compositor Verdi, cuyo apellido fue usado como acrónimo patriótico de Viva Víctor Emmanuel Rey De Italia, en la reunificación de la península”, abunda.

Subraya que el arte es la cima del hombre y que darle la espalda es deshumanizar a la sociedad, y convertirla en una masa sumisa y manipulable.

Observa que el arte en México se encuentra en profunda crisis, pues sus otrora mecenas: el clero y el gobierno, han perdido de forma alarmante y gradual, por conveniencia política o negligencia, el interés por aportar recursos para su realización, lo que ha obligado a que la comunidad artística desarrolle de forma urgente capacidades de gestión cultural y emprendimiento, encontrando esperanza en la producción de contenidos con ayuda de la sociedad civil y el empresariado.

Y es al momento de formar esos proyectos que se debe buscar el no caer en viejos vicios  del  medio, tales como el caimanismo y el caciquismo, el  presentar productos sin el suficiente sustento, de forma y fondo, vendiéndolos con adjetivos superlativos y figuras de relumbrón, pero con resultados huecos y mediocres.

E igual advierte que todo el artista verdadero será siempre polémico, molesto, incómodo, y que habrá quién tratará de corromperlo o destruirlo, pero asegura que, pese a ello, el mal se carcome a sí mismo y la verdad triunfa. “El músico debe ser fiel a la música y eso lo llevará al éxito. Me vienen a la mente jóvenes compositores como Jorge Delgado en Morelia o Juan Vázquez en la Ciudad de México, CDMX, que fieles a sus creencias hacen arte original y reflexivo” (…) “En el arte lo que no se mueve se muere y olvida”, advierte.

Señala que en Morelia existe un gran público, pero que nadie se ha atrevido a confrontarlo para cambiarlo, para hacerlo crítico y perfeccionarlo; y también censura que el apreciable moreliano tiende a tener un “aplauso fácil” que le hace celebrar al buen artista y el mediocre de la misma forma, fomentando así, el ahondamiento de la crisis del arte local, que no le permite crecer y colocarse en las cimas internacionales de los grandes circuitos del arte, pese a que la ciudad es receptáculo de grandes mentes artísticas.

“Morelia llama a los grandes artistas y es cuna de una gran sociedad de músicos, pero por los salarios magros, los caciquismos obtusos, y los vicios gremiales, hay una gran   fuga  de cerebros… Morelia en cuestiones de arte es más grande que varias de las mayores ciudades del país, pero es necesario educar y crear conciencia entre el público”, exclama.

Enfoca sobre la necesidad de que se pague lo justo por la música y de que no se regale más el arte, o se malbarate, pues los músicos deben educarse más de 8 años (aunque realmente es hasta la muerte), justo el tiempo que tarda un médico, esto para poder educar su cuerpo para adecuarse al instrumento y para adquirir las herramientas intelectuales necesarias. Y así, advierte que la música es un servicio en el que se presenta un producto sonoro y como tal no debe pensarse que es gratuita o fácil, pues además en la misma medida en que el público pague más, podrá exigir más calidad artística. “También los músicos comemos, la música es una ciencia, un arte, un lenguaje… es una profesión como cualquier otra, y ningún trabajo se regala”, fustiga.

Estilo

Juan Arnulfo Tello y Miguel Brito

Juan Arnulfo Tello y Miguel Brito

Llama la atención su estilo por una profunda intelectualidad, no exenta de una apasionada expresión y originalidad. Explica cómo se adapta al texto vocal-musical, cómo le respeta y lo estudia. Remarca cómo es necesario entender el contexto de la obra, sus intertextos, el autor y su época, pues sólo así el cantante puede hacer un proceso de apropiación para al final, a través de su propia cultura y sus experiencias personales, puede darle un sentido propio y único a su canto. “Contra lo que se piensa el canto es más un dominio y análisis de sensaciones, es hacer más con menos, es hacer todo menos escucharse”, remata.

Su voz de barítono es aterciopelada, de gran cuerpo y un timbre que llama la atención por su calidez y hermosura, pero más por la manera en como atrapa con sus gestos y con la mirada al momento de interpretar. “Soy cantante de ópera y de concierto, pero mucho también he aprendido en la música popular, y de vez en cuando la interpreto”, nos cuenta.

Hablando de los diferentes idiomas de la ópera, explica que cada idioma tiene un ritmo que se expresa junto a la música, y le da una identidad propia. Asegura que nunca se podrá   llegar a lo sublime del arte, si no existe una relación íntima entre la música, el texto y la escena.

Rescate de obras

Actualmente el cantante tiene activo el proyecto de dueto de música clásica “Personoridades”, con el cual pronto anunciará una gala lírica. El dúo lo forman Juan Arnulfo Tello y el pianista Miguel Brito, y en sus propias palabras, ambos aseguran que su gran interés musical es rescatar piezas propias y extrañas, que se encuentren en el olvido, de compositores nacionales, latinos y más allá del mar. “Realizamos mucha música de cámara, pues sólo somos dos músicos, y ser un dueto también se presta para el análisis más profundo de la obra, de la partitura, del autor… siempre acabamos hilando mundos, vidas, historias”, detalla metafóricamente.

Es por esto que el cantante y el pianista ya han redescubierto y reestrenado obras olvidadas de Muench, con partituras facilitadas por el maestro Tarsicio Medina, Vaughan Williams, Schumann, Schubert e inclusive, canciones latinoamericanas de autores como Blas Galindo, Silvestre Revueltas, Carlos Guastavino, y Alfredo Brito, músico cubano autor del bolero “Eres Amor”, y también abuelo del pianista.

Por otro lado, Juan Arnulfo es culpable, junto con la pianista Rigel Miravete y la soprano Nohemí Jaime, de que en Morelia se hayan tocado, como no se hace alrededor del mundo, los Ciclos Integrales de Jesús Carreño y Miguel Bernal. Además, el barítono ha estrenado en Morelia obras como Winterreise, de Schubert; Rückertlieder, de Mahler; y Cantata 82, de Bach, las cuales se presentan de manera casi nula a nivel nacional; así como galas de tangos, boleros y zarzuela.

¿Quién es el cantante?

Juan Arnulfo Tello Soto es un joven de 25 años de edad y canta ópera profesionalmente. Es de estatura media y calvo, pese a su juventud, además usa unos grandes lentes que le hacen brotar a la superficie de su rostro, el lado intelectual de su persona.

Aun así, cuando sube al escenario se transforma en un torbellino de voz y todo lo que uno logra entender del él, es una voz de conquistador y de volcán que apabulla los sentidos. Parece que toda la herencia del Parícutín, de donde nacen sus raíces musicales, hiciera erupción entre los tonos y las armonías de su voz.

Realizó el examen para ingresar al Conservatorio de las Rosas para violín y canto, y en ambas carreras fue aceptado, pero explica que en realidad el canto se le dio más fácilmente. Ha ganado el premio CAPACES, el premio al Mérito Juvenil de Morelia, en grado de mención honorífica, se graduó con honores y además, no ha dejado de participar en puestas en escena y en diversos grupos líricos; así como en la radio del SMRTV y Radio Nicolaita, gracias al apoyo de la maestra Yazmín David, como locutor.

“Ya me tenían la sotana lista, pero no pude ir al preseminario por estar tocando una noche antes”, dice el artista que toma un café y viste de traje sastre, como es su costumbre. Relata cómo su vocación fue una sorpresa, o “un cubetazo de agua fría”, para toda su familia y amigos de Guadalajara, de donde es originario. Esto, pues antes de que se dedicara a la música y que, como él remarca, siguiera la sangre y la escuela musical que le llamaba desde Michoacán, el cantante estaba becado en varias universidades, sin embargo, explica que todo cambio después de presentar con el coro de su escuela una zarzuela.

Actualmente se desempeña como maestro de canto de la Licenciatura en Teatro de la Facultad Popular de Bellas Artes, FPBA, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, UMSNH; cantor titular del histórico templo de San José en el centro de esta ciudad, y –lo menciona con brillo en los ojos- como maestro de Israel Zarzosa, cantante de renombre internacional, exintegrante de Boys’es y representante michoacano en La Voz México, de quien dice maravillarse por sus dotes musicales, su naturalidad, pero sobre todo con las enseñanzas que al dictarle clase, ha recibido en reciprocidad de él.

Maestros

Como todo hombre que anhela grandes cosas, recuerda con especial viveza a sus maestros y los menciona uno por uno. No quiere que nadie se quede sin ser nombrado y habla al escritor varias veces para asegurarse que nada se ha publicado sin los nombres necesarios.

Se puede decir, aunque el cantante no lo mencione tácitamente, que su primer mentor y guía musical es su madre, quien cuando niño le ponía música ranchera todas las mañanas, con lo que impulsó su gusto por la música. Además, como si se tratara de un evento premonitorio, que lo formaría como una herencia maldita o como un don espiritual, describe cómo su bisabuelo fue un músico indígena, clarinetista y compositor de pirekuas en San Juan Parangaricutiro, Michoacán, quien además de ser músico, presenció y vivió en carne propia el nacimiento y la erupción del volcán Paricutín, el más joven del mundo.

Su tercer maestro, Juan Ángel Morelos, descendiente del heroico Siervo de la Nación, y maestro a su paso por el coro de la Universidad del Valle de Atemajac; “hicimos una zarzuela española, una Luisa Fernanda, y ahí se abrió la oportunidad de venir a Morelia a estudiar en el Conservatorio de las Rosas, y aquí vivo desde el 2011”, abunda.

Ya en Morelia, asevera que su técnica se la debe a la maestra Gladys Pavón, una técnica que se adquirió con disciplina militar y con un gran amor de artista. Aunque no deja de agradecer a los demás mentores que le han marcado como Alex Pashkov, Rodrigo Nefthalí, Fernando Ortiz, Miriam Pérez, Antonieta Rodríguez, Ivon Pino, Eduardo Montes, Mercedes de León, Pierluigi Ferrari, Manuel Torres, José Manuel Tapia.

Recomendaciones

La voz de huracán, como al escritor se le ha dado nombrarlo, señala que le gustan muchos cantantes y que éstos le han inspirado profundamente, y así da una larga lista que obliga a desempolvar los casetes, los vinilos y los CDs en busca de los santos griales que ha mencionado. De este modo, los enumera uno tras otro con el ansia de todo aquel que goza del canto; primero apunta a Pedro Infante, José José y Toña la Negra, y los agrupa bajo el mote de populares; después, señala que en ópera le han marcado Monserrat Caballé, María Callas, Hermann Prey, Thomas Quasthoff, Dmitri Hvorostovsky y Francisco Araiza.

Pero en especial, el cantante recuerda un aria de ópera que le ha enamorado hasta el tuétano: Votre toast de la ópera Carmen, en donde el torero Escamillo se presenta.

Cierre de la Partitura

Finalmente, el cantante habla a la juventud y lo primero que recomienda a los cantantes jóvenes es aprovechar el tiempo, plantearse metas, no tener miedo y, sobre todo, ser disciplinados y plantear una ruta clara de trabajo. Destaca la importancia de saber decir “no” y de ir por un camino de desarrollo gradual y no “comerse el mundo”. Y así, reitera” que el neófito debe insistir hasta el cansancio, pero siempre para perseguir objetivos claros, pues sólo de esta manera uno se puede realizarse en la vida”.

Para finalizar, agradece infinitamente a su familia, sus amigos y maestros por ser compañeros en su viaje, y habla de la importancia de la formación de la persona y de su entorno para la resolución de los retos que la carrera le va planteando. “Una familia que adoro, amigos que son familia, y maestros que son consejeros han sido mi gran tesoro”, finaliza, “El amor es el catalizador y causa de mi trabajo”.

Además, y por último, pide a todos que no gasten energía en criticar o “tijeretear”, pues observa de forma sabia, que la única pelea que debe tener un músico es contra él mismo.

 

 

 

 

 

 

 

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