Domingo de Ramos, triunfo y pasión de Jesús en Jerusalén

Domingo de Ramos, triunfo y pasión de Jesús en Jerusalén

Eduardo Garibay Mares

www.prensalibremexicana.com

Abril 13 de 2014

 

El Domingo de Ramos conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, donde fue aclamado por la multitud como el Mesías, día en que el rito de la procesión y bendición de las palmas asimismo marca el comienzo de la Semana Santa, en que se celebran los misterios de salvación realizados por el Nazareno en sus últimos días de vida terrena, a partir de su entrada mesiánica en la ciudad santa, como siervo y portavoz de la palabra de Dios.

Es en este domingo, inmediato anterior a la fiesta de Pascua, que se celebra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, donde a su llegada al templo echó de ahí a los mercaderes, reclamándoles que esa casa de oración la tuviesen hecha una cueva de ladrones, todo ello conforme correspondientemente profetizan Isaías y Zacarías al decir, primero, en torno a la entrada triunfal: “Mira que ya viene el Salvador tuyo… tu Rey el Justo, el Salvador, quien vendrá pobre y montado en un asna, y su pollino”; y segundo, respecto al templo y los mercaderes: “Porque mi Casa será llamada casa de oración para todos los pueblos … este templo mío en que se invoca mi nombre ha venido a ser para vosotros una guarida de ladrones”.

Histórico día preludio de crucifixión

Acercándose a Jerusalén para celebrar la Pascua, a la vista de Betfagé, pequeño poblado al pie del Monte de los Olivos, Jesús mandó a dos discípulos que le consiguieran un asno y acto seguido se organizó el cortejo, al paso del cual algunos tendían sus mantos en el suelo para el borrico pasase sobre ellos, y muchos otros asimismo esparcían ramas verdes a lo largo del trayecto, tal como acostumbraban saludar a los reyes, agitando palmas y ramas de olivo.

Ya en la cuesta del Monte de los Olivos, cerca de la ciudad, la multitud que se aproximaba comenzó a alabar a Dios en alta voz, llena de alegría, por todos los vistos y conocidos prodigios, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas!

Empero, Jesús estaba consciente que este evento triunfal en Jerusalén era el preámbulo hacia su crucifixión, por eso al llegar y ver de cerca dicha ciudad derramó lágrimas sobre ella, diciendo: “¡Ah! Si conocieses también tú, por lo menos en este día que se te ha dado, lo que puede atraerte la paz o felicidad; mas ahora está todo oculto a tus ojos. Lástima es que vendrán unos días sobre ti, en que tus enemigos… te rodearán de contramuro, te estrecharán por todas partes y te arrasarán… por cuanto has desconocido el tiempo en que Dios te ha visitado”.

Así las cosas, al gentío pleno de felicidad por la llegada de Jesús, lo constituían niños, jóvenes y adultos, que salieron a su encuentro llevando palmas y ramas de olivo, y a los que algunos fariseos querían que Jesús los hiciera callar, fariseos a quienes él respondió que si ellos callaban, gritarían las piedras.

Signos, símbolos y tradiciones

El Domingo de Ramos en la Pasión del Señor es el sexto y último domingo de Cuaresma, y también es el día que comienza la Semana Santa, o Semana Mayor, que termina con el Domingo de Pascua, y a sus días se les dice días santos. Respecto a las palmas, del latín palmae que significa palma de la mano y hoja de la palmera, igual usada por los romanos como símbolo de victoria, los pueblos coinciden en asignarle altos valores a ésta como símbolo ya que han desarrollado en torno a ella diversos ritos.

Hoy en día, creencias religiosas e ideologías aparte, una de las fiestas más grandes e importantes es el día de la bendición de las palmas, no sólo en todos los pueblos del país y en el ámbito mundial, sino en todo el año litúrgico para la Iglesia Católica, a efectuarse el Domingo de Ramos que conmemora el triunfo de Jesús, aclamado como Mesías por los habitantes de Jerusalén, cuando palmas y ramos benditos rememoran aquellos con que se dio la bienvenida a Jesús a la ciudad santa, a fin de colgarlos en puertas y balcones para protección de la casa durante todo el año.

Corolario

Domingo de Ramos que evidencia la contradicción de los hombres cuando del “Hosanna en el cielo” y del “Bendito el Rey que viene en nombre del Señor”, con que la población acogió a Jesús al entrar en Jerusalén, aclamándolo como rey de Israel, pasaron al “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”, cuando Pilato al presentarlo martirizado les dijo “he aquí al hombre”, lo que conllevó a su viacrucis y su muerte en el Gólgota, y a su resurrección, esto es, un evento triunfal y secuelas de sufrimiento que proyectaron, sobre la pasión de Jesucristo, la luz profética esperanzada de la victoria eterna.

Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, que era la ciudad más importante y la capital de su nación, donde también había algunas personas que preguntaban ¿quién es éste? y a las que les respondían: es Jesús de Nazaret, de Galilea; día en que mientras esto sucedía los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les atemorizó ver cómo la gente lo había aclamado, siendo por todo eso que en esa ciudad a donde entró triunfante, pocos días más tarde sería clavado en la cruz, al manipular los grupos de poder a la voluble muchedumbre, que en pocos días pasó del entusiasmo gozoso al desprecio homicida.

Así las cosas, la liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado Pascua Florida, el triunfo de la resurrección, mientras que la lectura de la Pasión de Jesucristo invita a entrar conscientemente en la Semana Santa, días santos últimos de la vida terrena de Jesús, ejemplo de vida y obra, a quien muchos siguieron en momentos de triunfo, pero al que pocos lo acompañaron en su pasión y muerte. Jesús, Redentor y Salvador del mundo, el hijo de Dios que es amor, paz y vida eterna, cuyo reino no es terrenal. Jesús, a quien no desviaron de su misión y compromiso con la gente las lisonjas, como tampoco lo lograron las amenazas.

Publicado en: Nacional, Opinión