Sitio y conquista de Tenochtitlan. Eduardo Garibay Mares

Luz y sombra de la historia y claroscuro del presente

 

Sitio y conquista de Tenochtitlan

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Eduardo Garibay Mares

Publicado en Cambio de Michoacán

En agosto 11 de 2006

 

Universitario Ejemplo de Actuales y Futuras Generaciones en la Universidad Michoacana. Por designación de la UMSNH

Universitario Ejemplo de Actuales y Futuras Generaciones en la Universidad Michoacana. Por designación de la UMSNH

El 13 de agosto de 1521, tras 75 días de estar sitiada, la azteca ciudad de Tenochtitlan cayó en manos de los contingentes al mando de Hernán Cortés, nacido en 1485 en Medellín, Extremadura, España, quien había cercado a la ciudad para tomarla, contando no sólo con sus propios hombres, armas, caballos y trece bergantines, sino también con los ejércitos de Texcoco y de Tlaxcala.

Cerco y caída de la ciudad imperial

Iniciado el 30 de mayo de 1521, el sitio comprendió, tras cruenta batalla en Chapultepec, la destrucción del acueducto que surtía de agua a la ciudad, así como el desembarco de Cortés al mando de los bergantines, en el peñón de Tepopolco, por lo que el emperador Cuauhtémoc, nacido en el año 1496, fue a Tlalocan para sujetarse a la voluntad de sus gobernados, donde la decisión de mejor morir antes que ser esclavos conllevó al aprovisionamiento de víveres y armas, así como a planear la defensa organizando a quienes pudiesen ayudar en la lucha, esto es, aquellos que estuviesen en condiciones de lanzar una piedra, una lanza o blandir una macana, fuese hombre, mujer o niño, para que luchasen sin tregua hasta vencer y romper el sitio.

Además de combates nocturnos que desconcertaron a los españoles, pues iban contra la costumbre indígena, Cuauhtémoc mandó colocar estacas bajo el agua y cavar zanjas en las calzadas, para bloquear el avance naval y por tierra hacia Tenochtitlan, ciudad donde la lucha intensa y el creciente número de muertos imposibilitó proseguir con la incineración de los cadáveres, que tapizaban el suelo y cuyo olor era insoportable cuando, escasos de víveres y combatientes, los aztecas se replegaron en Tlatelolco, su último refugio.

Cortés efectuó el 13 de agosto el ataque definitivo y para ello dispuso que su ejército y los más de 150 mil indígenas aliados atacasen simultáneamente, por ello en el cerco se alistaron los navíos y la artillería igual se emplazó alrededor de Tlatelolco: un disparo de escopeta fue la señal que dio inicio al ataque en que españoles y nativos aliados masacraron a más de 40 mil aztecas, incluyendo niños, mujeres y ancianos, lo cual implicó la venganza de los indígenas antes sometidos en provecho de los hispanos, aliados éstos asimismo abocados al pillaje de las riquezas de Tenochtitlan, en una lucha dada entre cadáveres, recientes o putrefactos, donde el objetivo culminante era apresar al emperador Cuauhtémoc, a fin de mermar la resistencia de los demás pueblos a conquistar.

Vencidos los aztecas y tomada la ciudad, los muertos en calles, plazas y construcciones fueron más de 100 mil, sin contar los que yacían en las aguas circundantes.

Capturado Cuauhtémoc, éste reconoció haber hecho ya todo lo que tenía que hacer por su pueblo y le pidió a Cortés se le matase, sin embargo, aunque Cortés le garantizó el cargo del imperio, tras 4 años cautivo lo mandó ahorcar, acusándolo de tramar una sublevación en su contra, siendo así que el 28 de febrero de 1525 murió el último de los emperadores aztecas.

Aliados de Cortés en la conquista

Entre los aliados favorecedores de la conquista, figuran: primero, La Malinche, Malintzin, nacida en 1502 en Coatzacoalcos, costeño poblado azteca, quien además de hablar náhuatl y maya aprendió el habla hispana, a partir de que fue obsequiada por el cacique de Tabasco a Cortés, al que sirvió de intérprete y le posibilitó realizar convenios con gobernantes indígenas, misma que fue bautizada con el nombre de Marina y procreó a su hijo Martín con Cortés, es decir, una de las madres del mestizaje que en 1529 murió en la arrasada Tenochtitlán, luego de ser usada y desechada, y a la que luego, exageradamente, Cortés reconoció se le debía, después de a Dios, la conquista de la Nueva España.

Segundo, el resentimiento de los pueblos sometidos a las brutales exigencias del imperio azteca, que por eso optaron por obsequiar y aliarse, ilusionados por lograr de los españoles reciprocidad de favores, en vez de combatirlos.

Tercero, la superstición del joven emperador azteca Moctezuma II, nacido en 1466 y elegido tlatoani a los 36 años de edad en 1502, quien creyó que el augurado fin venía con el hombre español, al que suponía era el dios Quetzalcóatl llegado para la desaparición del imperio, y por eso puso la ciudad y su mando en poder de Cortés, quien decidió ejecutarlo el 23 de junio de 1520, al verlo incapaz de sofocar el violento tumulto ante el palacio en que estaba cautivo, cuando instó a sus seguidores a retirarse y sólo enardeció más a la multitud, por su indigna actitud cómplice de los hispanos, siendo ese mismo día que su hermano Cuitláhuac, nacido en 1476, fue llamado para sucederle en el trono, y que su primo Cuauhtémoc quedó a cargo de los ejércitos, los cuales siete días más tarde persiguieron a los españoles y sus aliados en su huida de la ciudad hacia territorio tlaxcalteca, infligiéndoles una gran derrota en aquella noche del 30 de junio de 1520, recordada como “La Noche Victoriosa” para los aztecas, y como “La Noche Triste” para los españoles y sus aliados de pueblos originarios.

Vueltos a Tenochtitlan y emprendidas las obras de defensa, la reparación y limpieza de calles y canales, y la quema de cadáveres, el 17 de septiembre Cuitláhuac fue reconocido emperador ceremonialmente, pero la recuperación de la ciudad se interrumpió en diciembre, al desatarse una epidemia de viruela que diezmó a la población e igual puso fin el día 5 a la vida de este emperador azteca, al que sucedió Cuauhtémoc en el cargo.

Y cuarto, el conjunto de enfermedades infecciosas arribadas con los europeos al continente, aliadas de lo más efectivas con las que ellos afectaron y diezmaron a la población nativa, susceptible de contagio, que a partir de entonces estuvo expuesta al efecto aniquilante y devastador, con que se facilitó la conquista del Nuevo Mundo, en favor de Cortés, quien murió desterrado en 1547 en Castilleja de la Cuesta, en Sevilla, España.

Conclusiones

Es evidente que a la estrategia y pertrechos militares europeos: navales, de infantería y de caballería, se sumaron como aliados favorecedores en la conquista, entre otros, los forzados servicios de La Malinche, el rencor de los desesperados pueblos indígenas contra al imperio azteca, la superstición de Moctezuma II, y las virosis como viruela, influenza y sarampión, traídas por portadores infecciosos a los que dieron supremacía sobre los nativos, por eso fue que tras llegar con 900 hombres al territorio luego llamado Nueva España, la población aborigen estimada en 25 millones de habitantes, en 1518 había disminuido a 16 millones en sólo diez años.

Esto es, una experiencia histórica fehaciente de que entonces, como siempre, es la desunión y la confrontación entre las personas lo que favorece, sobre todo, a los que quieren someter a los pueblos a su poder y arbitrio.

Ni más ni menos.

 

 

 

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